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La Coctelera

Penita

El blog de una ardilla adicta a los inhibidores de la monoaminooxidasa

4 Abril 2008

Soy débil

A veces he pensado que no era más que una época negra, una etapa difícil que hay que superar, y que después todo volverá a la normalidad, vendrán días mejores que traerán el color rosa de la vida. Pero no. Mi normalidad es esta. Yo no paso por épocas negras. Mi vida entera es una larga época negra. No hay color rosa.

Si miro hacia atrás todo lo que veo son decepciones, dolor, desilusiones, desengaños, tristeza, lágrimas, soledad y angustia. No puede ser que todo sea fruto de la mala suerte. O sí. Sí, seguramente sí sea eso, mala suerte. Debe de haber alguien por el mundo con la buena suerte que me falta a mí. No es justo. Debería existir realmente la posibilidad de vivir una segunda vida en la que poder tener lo que no se ha tenido en la primera.

Mi psicólogo se ha molestado conmigo, piensa que no respeto su trabajo, que mi tiempo es más importate que el suyo. Ni siquiera me ha dejado explicarle que no pude avisarle porque no podía hablar (ahora puedo hacerlo, aunque con dificultad). No sé si su manera de hablarme ha sido la más adecuada teniendo en cuenta que se trata de mi psicólogo y mi equilibro emocional es más bien desequilibrio. Me está haciendo dudar, seguramente no sea un buen psicólogo, no puede hablarme así. O quizá es una forma de hacerme reaccionar. Sí, será eso, debe de estar haciendo terapia conmigo hasta cuando no voy a la consulta. Ahora sólo me queda saber qué quiere que haga después de la bronca de ayer.

¿Qué hago? Si le insisto para pedirle una nueva cita, ya en el mes de mayo o junio, igual me ve débil, porque le estoy suplicando que me haga caso, que me trate, que me ayude. Si decido pasar de él y buscarme otro psicólogo, podría pensar que igualmente soy débil, porque me rindo fácilmente al primer obstáculo.

Débil. Esa es la respuesta. Soy una persona débil, y los débiles siempre se quedan atrás...

(Puedo hablar, comer y beber algo más que estos días atrás, mi cara se ha desinflamado un poco, aunque aún no sé de qué se trata; los dolores continúan)

Tags: debil, terapia

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2 Abril 2008

Muda

La otra noche me desperté con un tremendo dolor de garganta, me levanté y me tomé un analgésico, pero ya no era capaz de dormirme. Comencé a pensar que lo que tenía en mi garganta no era una simple irritación, sino algo peor. Un tumor. No sé, algo maligno. Me tomé otro analgésico pero ya no pude volver a dormirme y la garganta cada vez me dolía más.

Por la mañana me seguía doliendo, y por la tarde, y por la noche. Un tumor, estaba claro, no podía ser otra cosa. Esa segunda noche conseguí dormir algo, pero volví a derpertarme con el insoportable dolor, que ahora se había extendido por toda la boca: paladar, encías, alveolos... Aparte de eso tenía destrozado el estómago a causa de la cantidad de pastillas que había tomado, con lo cual pasé otra noche sin dormir, muriéndome de dolor y con la obsesión de que lo que tenía era, definitivamente, un tumor.

A la siguiente mañana ya no podía abrir la boca: no podía lavarme los dientes, ni tragar nada, ni siquiera agua, casi no podía hablar. Tenía toda la cara hinchada, parecía un monstruo. Así que no me quedó otra que ir al médico. En la sala de espera todo el mundo me miraba, hasta vi reírse a más de uno cuando entraba y me veía. Un niño le dijo a su madre "mamá, mamá, ¿qué le pasa a esa señora en la cara?". No sé si me ofendió más lo de la cara o lo de señora. Cuando entré en la consulta el médico no me reconoció, tuve que enseñarle mi dni, porque tampoco podía hablar y decirle mi nombre. El diálogo que mantuvimos (yo sin abrir la boca, claro) fue bastante lamentable: comunicación cero.

Y así sigo. Llevo 4 días con unos dolores insoportables, la cara hinchada, sin comer, sin beber, sin hablar... Lo de sin hablar es casi un alivio pues al no hablar evito la sensación de ser ignorada que siempre tengo cada vez que mantengo una conversación con alguien.

No he podido ir a mi segunda sesión con el psicólogo, seguramente, al haber perdido la cita y además sin avisar porque no pude llamar para anularla, tendré que esperar a que vuelva a tener un hueco para mí, y eso puede ser dentro de un mes o dos. Y lo peor de todo es que aún voy por mi triste infancia en la narración de mi psicobiografía... Bueno, en realidad lo pero de todo no es eso, tampoco el dolor que sufro constantemente, ni lo de no comer, ni beber. Lo peor de todo es la soledad. Enferma y sola, así estoy.

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31 Marzo 2008

De psicólogos...

Mi primera sesión con mi psicólogo fue más traumática de lo que yo pensé en un principio. En primer lugar por los 60 € que me anunció, una vez iniciada la sesión, que me iba a costar. Lo primero es lo primero.

Y lo segundo, meternos en materia. Mi psicobiografía, que no es más que mi vida, aunque vista no desde un punto de vista biográfico (valga la redundacia), sino psicológico. Fácil, pensé. Así que comencé por mi infancia.

Mi infancia fue un puto desastre. Aprendí a leer bastante tarde (lo cual llevo arrastrando hasta hoy), y me costaba bastante seguir el ritmo de las clases. Fui siempre una alumna de capacidades discretas según mis docentes... discretas, bonito eufemismo. Tuve siempre el rechazo de mis compañeros y mis profesores, incluso la profesora de religión, que era una monja agustina recoleta y había tratado con toda clase de engendros indeseables en sus clases, pasaba de mí, ni siquiera me odiaba como si pudiera ser una encarnación, deformada, por supuesto, del ángel caído. No, su indiferencia era extrema, hasta el punto que en numerosísimas ocasiones me saltaba cuando pasaba lista.

En una ocasión, en vísperas de Navidad, creando el belén viviente que cada año el colegio hacía, doña Matea, que así se llamaba la santa, se vio obligada a contar conmigo, ya que el ángel anunciador, precisamente ese día, tuvo que ir al endocrino que trataba su problema de sobrepeso y la única a la que le servía su traje y sus alas, era yo. Así que allí me vi yo, feliz por ser protagonista por un día en la escuela que me odiaba. Todo transcurrió con normalidad, los pastorcillos, San José, la Virgen... y el angelito. Me subieron con unas correas y me colocaron sobre el portal. Lo cierto es que nadie me miraba, ni siquiera mis padres, que ese día no pudieron venir al colegio. Todo el mundo estaba pendiente de sus hijos, de sus partorcitos, sus ovejitas, sus Reyes Magos... del ángel pasaba hasta Dios.

Hasta que no les quedó más remedio que hacerme caso. Las correas no pudieron soportar mi peso y cedieron. Me llevé por delante la estrella, pinchándome en varios sitios, y caí sobre el niño Jesús, que era un muñeco pelón. Inmediatamente se formó un revuelo, los padres saltaron al escenario para "salvar" a sus hijos, los Reyes Magos se pusieron a llorar, doña Matea empezó a gritar: "¡Ha matado al hijo de Diooos! ¡Apóstata! ¡Infiel!". Nadie me ayudó a levantarme y a quitarme los trozos de estrella que tenía repartidos por todo mi inmenso traje de ángel. Nadie. Empecé a llorar completamente desolada.

Después de aquel incidente me expulsaron del colegio durante una semana alegando que había puesto en peligro la integridad física de mis compañeros.

- Ya es la hora. Podemos seguir una hora más, pero ya serán 120 €.
- No, no importa (me sequé las lágrimas). Continuaremos el próximo día.

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28 Marzo 2008

Semana Santa negra (4 y fin)

El domingo nos levantamos temprano para ir a misa. Mi familia, como toda "buena familia" de pueblo, es católica, así que no había forma humana de escaparme. Como ya os conté me da igual la religión, pero no me desagrada ir a misa. Ese ambiente lúgubre y tétrico, rancio y anticuado, románico diría yo, de la Iglesia de San Agustín de La Campaña me relaja. Así que nos pusimos la ropa de domingo (increíble, pero mi tía Dolores usó esa expresión...) y fuimos a escuchar el sermón de Don Miguel.

La Iglesia de San Agustín es una iglesia pequeña, pero suficiente para un pueblecito como Retortera. Había mucha gente, y es que claro, era domingo de ramos y la procesión del pueblo, San Agustín de la Campaña, saldría al día siguiente y todos querían hacer acto de presencia. Ausentarse en una cita tan notable como esa suponía ser vilipendiado por el pueblo entero, ya que era inevitable, se notaba quién faltaba a leguas.

Nos sentamos toda la familia en dos bancos, en el hemisferio de la iglesia. Ésta, apenas alumbrada por un rosetón y las velas, era un bálsamo de paz, sólo roto por las voces de los parroquianos, que más que voces parecían rebuznos. La imagen del cristo crucificado de La Campaña vigilaba silencioso la Iglesia, sobre el altar.

Don Miguel hizo acto de presencia escoltado por un par de monaguillos, Pedrito el tomates y Manuel el cabeza. La gente fue acallando el griterío y Don Miguel dio un par de golpecitos al micro (increíble, ¡había micro! que adelantados).

- En el nombre del padre, del hijo, del espíritu santo...
- Ameeeeeeén
- Queridos hijos míos, hoy es un día lleno de felicidad para todos nosotros. Jesús, tal día como hoy, iba camino de Jerusalén, donde escribiría para siempre un pasaje en la historia, nuestras almas y nuestros corazones. Acompañado por...

El sueño me empezó a afectar. Miraba a la gente aquí y allá intentando aguantar el sopor, pero casi me resultaba imposible. Don Miguel hablaba bien, ¿pero a quién podía interesar un libro cuando ya se sabe como acaba? Al final lo crucifican. Sí, lo siento si tenías intención de leértelo.

- ...olvidar a nuestros hermanos que ya conviven con nuestro Señor. Le debemos el recuerdo, el cariño y el amor que nos...

Mierda. Otra vez esa sensación. ¿Sería diarrea? No me parecía normal ese aleteo en el estómago, que más que aleteo ya era huracán.

- ...por la gloria de nuestro Señor. Pero hermanos, Jesús no...

cric. ¿Qué fue eso? La gente no parecía haberse percatado. cric. Hay estaba otra vez. Mierda, ¿por qué la gente sería tan religiosa? Tanta concentración en sus almas y no eran capaces de escuchar un ruidito de nada. cric cric. Esto empezaba a oler mal...

- ...pero no sufráis. Nuestro Señor, al tercer día, resucitó...

cric CRAC. El ruido se intensificó. Ahora parece que la gente sí que miraba hacia los lados, hacia arriba. ¿De dónde vendría el ruido? Don Miguel empezó a mosquearse al ver a la gente tan despistada, y se le comenzó a hinchar la vena del cuello. Don Miguel, que todo hay que decirlo, era conocido por su mala leche, su afición al vino y ser duro de oído, al parecer. Pero claro, era el cura, con la Iglesia hemos topado. Cualquiera decía nada en público. Y menos en un pueblo.

- ...y entonces nuestro Señ... A ver, ¿qué pasa? Hijos míos, ¡ya basta! ¡Esto es una Iglesia! ¡Estáis en la casa de vuestro Señor!

La gente pasaba. El ruido seguía y seguía. Era como... como... como un crujido. Maldito aleteo en el estómago...

- ...me cago en (el micro le jugó una mala pasada ahí). ¡Basta ya de tanto jolgorio! ¡Un poco de respeto! ¡¡Recordar hijos míos, que a nuestro Señor se le debe un respeto!! ¡¡Por Dios Santo!! ¡¡¿Queréis callaros de una vez?!! ...

Y al ver que la gente no se callaba, explotó:

- ¡¡Que os calléis!! ¿¿No os calláis?? ¡¡¡¡¡ QUE EL PESO DE NUESTRO SEÑOR CAIGA SOBRE TODOS VOSOTROS PECADORES !!!!!

Y al parecer entre don Miguel y los monaguillos habría algo raro. El cristo de La Campaña venció y varios muchos kilos de peso cayeron sobre Don Miguel, aplastándolo y matándolo en el acto, y por casualidades de la vida, y por la forma de una cruz, a los dos monaguillos. La gente enmudeció y mi aleteó paró. Ahí finalizó de golpe, nunca mejor dicho, mi Semana Santa negra, y comenzó nuevas y caras terapias con mi psicólogos. Pero eso... eso es otra historia.

FIN

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27 Marzo 2008

Semana Santa negra (3)

Cuando me desperté ya era sábado. La cabeza me dolía horrores, y no sólo por la pedrada, sino por el gallo de la familia que no paraba de cacarear, probablemente llorando por su recién perdida concubina. Tenía una venda en la cabeza, pero por lo demás, todo parecía estar bien. No había sido para tanto.

Me levanté de la cama y fui al salón. Todos estaban allí desayunando y se alegraron de ver que ya estaba bien. Lógicamente, yo me deprimí ante tanta efusividad. No entiendo por qué la gente tiene que estar siempre alegre. Después de recordarme que soy alérgica a la alegría tuve que darme como unas 20 duchas para no sentirme sucia por las risas y los aplausos que pegué el día antes.

El día transcurrió aparentemente tranquilo. Si no fuera por algo bastante raro. Quizás me llaméis loca o algo, pero cuando mis primos me pegaron la pedrada en la cabeza noté algo. Y no, no fue la piedra. Ni el suelo. Fue como un aviso. Una señal. Algo estaba a punto de pasar. Algo...maligno. Pero, ¿el qué? Bueno, la verdad es que me daba un poco igual lo que pasara, siempre y cuando no me pasara a mí, claro. Por mí podía arder el pueblo entero con gente dentro, de hecho...mierda. Eso no está bien. Tendré que volver a hacer sesiones extra de terapia. Con la pasta que cuestan...

Ya por la noche, tumbada en la cama y a oscuras, volví a tener esa extraña sensación. Pero el cansancio me pudo. Mañana, mañana será otro día. Y qué día...

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26 Marzo 2008

Semana Santa negra (2)

El entierro de la gallina fue un momento bastante emotivo. Sí, el entierro, he dicho bien. Es que en el pueblo de mis abuelos son muy suyos para eso de la sepultura, y más cuando (en aquel momento) es Semana Santa. Mis primos, después de la sarta de patadas que le pegaron al pobre cadáver de la gallina, soltaron hasta alguna lagrimita, supongo porque les quitaban su juguete nuevo. Y claro, yo como soy muy aprensiva, empecé a llorar como una magdalena, a lo que mi tía "la sin dientes" (en los pueblos eso de los motes va bastante rápido) respondió con un abrazo en toda regla.

Era viernes de dolores, el santo de mi tía "la hucha" (sí, otro mote. son así de ingeniosos), y a pesar de que era día de luto lo celebramos como siempre. Era costumbre hacer un almuerzo familiar en el patio de la casa el mismo viernes, un almuerzo que se alargaba hasta altas horas de la noche. Yo siempre he intentado por todos los medios escaparme de esa comida, porque todos los años acaba igual, con mis tíos borrachos perdidos cantando algún tema de "los chunguitos" o de "camarón", y no tenía ganas de hundirme más en mi profunda depresión. Pese a todos mis esfuerzos, ese año me fue imposible huir.

Mi tía "el buzón" (...) era una gran aficionada a la cocina. Lamentablemente nunca tuvo mucha mano la pobre. No sabe diferenciar entre un pote y un pato. Ese año la gran novedad en el almuerzo familiar era la ensaladilla, receta que había visto (cuenta la leyenda) en la tele. Como si hacer una ensaladilla tuviera mucho misterio, pero eso de decir que lo había visto en la tele le daba como más glamour a unas patatas espachurradas con guisantes, zanahoria, pimiento morrón, atún, huevo y mayonesa.

No es que viera como mi tía hizo la ensaladilla, ya estaba hecha cuando llegué. Pero os explicaré por qué lo sé. La música de los chunguitos sonaba por doquier a toda voz. Mis tíos ya empezaban a tener un colorcillo curioso, tirando a rojo "tostado". Entonces, mi tía la gorda (esto no es un mote, es un hecho), hizo su entrada triunfal con la ensaladilla. Plas, plas, plas, todos aplaudieron. Yo no, claro, yo me arrasqué, porque las muestras de afecto y diversión me producen urticaria.

Todos se pusieron hasta el culo de ensaladilla. Somos unos 15 en la familia y había lo menos un plato de ensaladilla por cabeza. Yo no comí porque soy alérgica a mi tía. Para reposar la comida, mis tíos se sacaron una botellita de vino más, que no habían tenido bastante. Pero antes de darnos cuenta...¡Hugooooo! Mi tía la fuente (a partir de entonces) vomitó sobre mi tía Carlota. Mi tía Carlota a su vez vomitó sobre si misma, mezclándose con su propio vómito, algo que le dio tanto asco a mi tío Frasquito que potó también. Y así uno tras otro empezaron a vomitar y a moverse por todo el patio, por lo que yo salté como un galgo hembra por la valla (galga queda raro) que daba a la calle y me encaramé en el muro viendo como toda mi familia no paraba de vomitar por culpa de la ensaladilla, que estaba mala (no sé por qué no caí tras el primer vómito), y no paraba de moverse de aquí para allá. Me recordaron a la fuente del Belaggio en Las Vegas.

Cuando todos dejaron de vomitar no pude reprimirlo. El espectáculo había sido dantesco y el patio entero tenía lo menos una cuarta de vómito y ahora mis familiares empezaban a resbalarse uno tras otro. Después de una sesión de fuentes danzantes y ahora un espectáculo cómico era inevitable. Aplaudí. Aplaudí y me reí tan fuertemente que hubieran revivido todas las hadas del mundo. Tan fuerte que mi psicólogo hubiera necesitado uno creyendo que se iba a quedar en paro.

La cara de mi familia era un poema, y mientras yo reía y reía, aplaudía y aplaudía. Así hasta que mis primos, criados en la más bruta naturaleza, me pegaron un pedruscazo que me tiraron de espaldas del muro, yendo a parar mi cabeza directamente contra el suelo. Y a partir de entonces, todo se volvió negro.

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24 Marzo 2008

Semana Santa negra (1)

Y es que mi vida, si fuera un vaso, sería de esos vasos que al caerse se rompen en tres millones de trocitos y te pegas siete días encontrándotelos por toda la casa. Acabo de entrar en mi fase más oscura, más dramática, de más penita. Creo que esta Semana Santa marca un punto de inflexión en mí, lo noto, noto el cambio.

La verdad es que no sabría por donde empezar...retomemos el capítulo anterior. Como sabéis he estado en el pueblo de mis abuelos, pasando las fiestas. El pueblo sigue igual de deprimente que siempre, no entiendo por qué a la gente de allí se les ve tan felices. Hasta tienen buen color. A mí me parece todo tan pequeño, tan asfixiante. No puedo soportarlo más de 4 días. Es más, mi psicólogo dice que no debería pasar en ese lugar más de 4 días. Al quinto es probable que me vuelva a dar ese extraño ataque de esquizofrenia que me dio una vez, pero eso es otro capítulo que ya recordaré en otro momento.

Total, la llegada al pueblo. Fue como siempre, besos aquí, besos allá, mira este es tu primo Casimiro (como si yo me acordara), aquel te vendió un litro de tinto una vez...y tienes que poner cara de estar feliz todo el día, con lo que cansado que es, que hasta se me cogen los músculos de la cara. Te presentan a viejas que en vez de ojos tienen "puñalás" y a primos terceros segundos que no sabías ni que tenías, pero eso sí, les tienes que querer, porque son tu familia. Es todo tan estresante...qué asco por dios.

Una vez que pasé la marabunta de personas desconocidas y cotillas varios, conseguí instalarme en casa. Solté la maleta sobre la cama y una nube de polvo saltó por los aires, convirtiendo la ínfima habitación en un fumadero de opio. Salió el polvo y una gallina que había debajo de la cama, que escapó de la habitación como alma que lleva el diablo. La gallina iba tan alocada y rápida que al salir por la puerta mi tía Dolores, que andaba zanganeando por ahí, no la vio y se tropezó dándose de bruces contra el suelo y reventándose la boca, perdiendo el único diente sano que le quedaba y aplastando de paso a la gallina, que murió en el acto. Es que mi tía Dolores además de ser mi tía es una gorda de cuidado. Juraría que tiene campo gravitacional propio. Si te fijas bien puedes ver motas de polvo girando alrededor de sus lorzas. Ella las llama sus sartenites personales...si es que...

Se armó, nunca mejor dicho, un cristo del copón. Ante semejante espectáculo, gritos desaforados, mi tía rodando por el suelo intentando con poco acierto ponerse en pie (se lo impedía su propia gravedad), mis otros familiares haciendo fuerza para ayudarla, el diente pasando de un pie a otro como si fuera un balón y para colmo mis primos poniendo cara de sádicos y pegándole patadas al gallináceo muerto, que salpicaba sangre aquí y allá, no pude hacer otra cosa que cerrar la puerta, tumbarme en la cama y pensar: "Bueno, ya estamos aquí, no puede ser peor que esto". Y para variar, me equivoqué. Para que luego me llamen pesimista.

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17 Marzo 2008

El demonio que hay en mí

Esta semana sigue ese demonio que se introdujo en mí la semana pasada. Ese demonio que me hace llorar o reír cuando le da la gana, que procura que esté triste y me pasen cosas malas así como que de un día para otro saque fuerzas de flaqueza y me quiera comer el mundo de un bocado.

Esta semana no publicaré porque estaré en el pueblo de mis abuelos. Es un pueblo muy muy chico y no se celebra la Semana Santa como se celebra en todos los sitios, simplemente se dice el oficio del día en la pequeña Iglesia de San Agustín de La Campaña. Mis padres son fieles devotos de este santo, a mí me da realmente igual, aunque me gusta asistir con ellos a las misas aunque no esté pendiente de lo que diga Don Miguel y me quede mirando las caras de los demás diciendo uy cómo ha engordado esta o cómo ha envejecido la otra o que gordo se ha puesto el señor Gabriel.

Esta semana estaré con mi familia a la que tantísimo echo de menos bueno solo cuando estoy con el bajón porque si no siempre están igual que si no dejes de comer que estás más delgada, que si me compre ropa nueva y me cambie, que si me lave detrás de las orejas... pero al fin y al cabo son mis padres y yo soy hija única.

Esta semana dudo mucho que haya mucho movimiento por aquí. Me he acostumbrado a vuestros comentarios y como estaréis todos por ahí y no me dejaréis comentarios tampoco quiero arriesgarme a que no me dejéis comentarios los echaría en falta.

Esta semana me alejo de la ciudad y me acerco a la inmensa y a veces desesperante tranquilidad de un pueblo perdido. El año pasado aún no tenían ni cobertura para los móviles, pero ya me dijo mi padre que ahora sí tienen y incluso tienen internet aunque no lo use nadie.

Esta semana espero que también vosotros estéis bien, ya os leeré a la vuelta. Besitines!!!

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Sobre mí

Soy una ardilla con cierta predisposición al estrés y a la depresión. Vivo en una gran ciudad, soy adicta a los inhibidores de la monoaminooxidasa, creo que nada merece la pena. Los gif animados de hadas no son la respuesta pero son más barato que el psicólogo.

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