Semana Santa negra (1)
Y es que mi vida, si fuera un vaso, sería de esos vasos que al caerse se rompen en tres millones de trocitos y te pegas siete días encontrándotelos por toda la casa. Acabo de entrar en mi fase más oscura, más dramática, de más penita. Creo que esta Semana Santa marca un punto de inflexión en mí, lo noto, noto el cambio.
La verdad es que no sabría por donde empezar...retomemos el capítulo anterior. Como sabéis he estado en el pueblo de mis abuelos, pasando las fiestas. El pueblo sigue igual de deprimente que siempre, no entiendo por qué a la gente de allí se les ve tan felices. Hasta tienen buen color. A mí me parece todo tan pequeño, tan asfixiante. No puedo soportarlo más de 4 días. Es más, mi psicólogo dice que no debería pasar en ese lugar más de 4 días. Al quinto es probable que me vuelva a dar ese extraño ataque de esquizofrenia que me dio una vez, pero eso es otro capítulo que ya recordaré en otro momento.
Total, la llegada al pueblo. Fue como siempre, besos aquí, besos allá, mira este es tu primo Casimiro (como si yo me acordara), aquel te vendió un litro de tinto una vez...y tienes que poner cara de estar feliz todo el día, con lo que cansado que es, que hasta se me cogen los músculos de la cara. Te presentan a viejas que en vez de ojos tienen "puñalás" y a primos terceros segundos que no sabías ni que tenías, pero eso sí, les tienes que querer, porque son tu familia. Es todo tan estresante...qué asco por dios.
Una vez que pasé la marabunta de personas desconocidas y cotillas varios, conseguí instalarme en casa. Solté la maleta sobre la cama y una nube de polvo saltó por los aires, convirtiendo la ínfima habitación en un fumadero de opio. Salió el polvo y una gallina que había debajo de la cama, que escapó de la habitación como alma que lleva el diablo. La gallina iba tan alocada y rápida que al salir por la puerta mi tía Dolores, que andaba zanganeando por ahí, no la vio y se tropezó dándose de bruces contra el suelo y reventándose la boca, perdiendo el único diente sano que le quedaba y aplastando de paso a la gallina, que murió en el acto. Es que mi tía Dolores además de ser mi tía es una gorda de cuidado. Juraría que tiene campo gravitacional propio. Si te fijas bien puedes ver motas de polvo girando alrededor de sus lorzas. Ella las llama sus sartenites personales...si es que...
Se armó, nunca mejor dicho, un cristo del copón. Ante semejante espectáculo, gritos desaforados, mi tía rodando por el suelo intentando con poco acierto ponerse en pie (se lo impedía su propia gravedad), mis otros familiares haciendo fuerza para ayudarla, el diente pasando de un pie a otro como si fuera un balón y para colmo mis primos poniendo cara de sádicos y pegándole patadas al gallináceo muerto, que salpicaba sangre aquí y allá, no pude hacer otra cosa que cerrar la puerta, tumbarme en la cama y pensar: "Bueno, ya estamos aquí, no puede ser peor que esto". Y para variar, me equivoqué. Para que luego me llamen pesimista.


mercurio3 dijo
Ayer intenté escribirte pero tenía problemas con el "loggin". Afortunadamente, ahora lo he logrado. Estuve mirando un poco y escribes genial. Expresas muy bien tus sentimientos. Eso es admirable.
También me han llamado pesimista en alguna ocasión, aun cuando suelo acertar en mis "predicciones" acerca de la realidad que me rodea. Más bien me considero realista. El hecho de que algunos individuos seamos más conscientes de lo vacía que es esta realidad, nos convierte en pesimistas para los ignorantes -que los hay por incapacidad y , otros, por decisión propia-.
Últimamente tengo poco interesante que escribir. Lo único constante en mí es mi inconstancia.
Un saludo.
25 Marzo 2008 | 10:42 AM