¡Ay, qué penita tengo!

Todos mis post comienzan con una foto de penita
mangada de otro sitio.
Me llamo Penita. Soy una ardilla y vivo en una gran ciudad. Sí, las ardillas deverían vivir en el bosque, correteando libres. Y yo vivo en esta ciudad de mierda. Qué pena más grande.
Trabajo de cajera en un supermercado. Es una mierda de trabajo. Me recuerda que en el bosque las cosas son gratis y eso me da nostalgia. La nostalgia hace que ponga caritas de puchero y eso me da arrugas. Tener arrugas me hace una ardilla menos atractiva y eso, a su vez, hace que me deje de cuidar y maquillar lo que provoca finalmente que ningún chico se fije en mi —no porque sea una ardilla, sino porque no estoy maquillada— y al no fijarse en mi no tengo opción a un polvo salvaje, necesario para descargar esta nostalgia la cual hace que ponga caritas de puchero y eso me da arrugas...
Una vez tuve novio. Tengo mucha nostalgia y mucha penita porque aquella relación se acabó. Sufrí mucho con él. La tenía enorme. Y ahora que no la tengo para mi, sufro tristeza. ¡Qué vida esta! Cuánto nos enseña en tan poco... Como soy una señorita no puedo decir que lo que echo en falta es un buen polvo o un buen rabo. Lo que tengo es penita.
A veces escribo en mis cuadernos con mis rotuladores de colores. Por ejemplo, este parrafo me apetece que sea de colorines, a pesar de que no combinen con el blog, sea complicado de leer con este color de fondo ó no venga a cuento. Yo soy así, el mundo me debe comprender...
¡Ay, que penita! Bueno, pronto volveré con más penita. Antes de irme os abriré mi corazón con este poema que habla muchísimo de mi y de mi corazoncito:
de la brisa en tu cabello.
Yo tengo una vaca blanca
con manchas.
Bueno, es más larga.





losmundosdeyupi-ter dijo
Ains! Comparto tu penyta!!
3 Marzo 2008 | 09:14 PM